Travesía en Navacerrada

Desempolvar los trastos ha sido la primera tarea que he tenido que realizar, y no la más sencilla. Tras muchos años de abandono, al ver las últimas nevadas decidí que había que sacar las tablas de paseo sí o sí. En una de esas raras conjunciones astrales que me permiten sacar un día entre semana para ir a la sierra, empecé a desenterrar las piezas del equipo de travesía… tablas, pieles (¿tendrán suficiente cola?), cuchillas, bastones… cada cosa en un sitio, pero al final logro completar el puzzle.

Equipo vintage de travesía

Equipo vintage de travesía

La previsión del tiempo, pues que viene un frente cálido, así que habrá que darse prisa para no pillar mucha lluvia (¿lluvia?, ¡si yo voy a la nieve!). Así es la sierra y este mes de enero, que igual te pelas de frío que sacas la camiseta, como hicimos la semana pasada en el Serrucho (sol tras la ciclogénesis explosiva del día anterior).

Fruto del lío de material, la mañana del viernes empieza volviendo de nuevo al trastero, dado que entre las cajas de botas he cogido las de pista y no las de travesía. Ahora ya tengo todo el equipo y me voy hacia la sierra. Cuando aún queda gente en la A6 entrando a Madrid atascada, ya voy yo feliz como una perdiz hacia Navacerrada, y al llegar al pueblo empiezo a ver la nieve a base de bien y la adrenalina sube…

En el parking de Navacerrada todavía hay poca gente a las 10 de la mañana, así que aparco sin problemas y preparo el equipo tranquilamente. Poner pieles, elegir las cosas que finalmente me subo y recoger lo que dejo en el coche. El tiempo está tranquilo, algo nuboso pero con suficiente visibilidad. Del coche de al lado salen tres chicas con equipo de travesía, que recogen antes que yo y enfilan hacia el comienzo del camino de subida hacia Bola.

Un pequeño trecho de pateo por el aparcamiento y luego por el camino de subida hacia el collado de el Emburriadero con los esquís en la mano hasta el punto en el que ya hay nieve suficiente, aprovecho para hacer una grabación y visualizar el camino que sube haciendo una media ladera en dirección sur, por donde pasé en junio en el GTP.

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Aquí todavía parece que va a hacer bueno

En el casco he dejado puesto el soporte para la GoPro, que hoy la estreno en modo “esquí”, y aprovecho para hacer una prueba de control remoto con el móvil y su aplicación vía wifi. Al poco de empezar a subir ya veo que llevo ropa de más, así que paro para quitarme el forro y quedarme sólo con la camiseta y el goretex, tampoco es plan de morir achicharrado nada más empezar. En el camino, más adelante, diviso a un grupo de escolares haciendo el moñas y a las chicas que había visto en el parking. Poco a poco me acerco a ellos y les paso rápidamente. Con el hielo que hay y el equipo que llevan, yo no me saldría mucho del camino, un resbalón y acaban en la carretera 500m más abajo (y no serían ni los primeros ni los últimos.

Cuando llego al collado del Emburriadero las tres chicas se han descalzado los esquís, y mientras unas se han puesto las cuchillas, otra se queda con crampones. Una vez que se acaba el camino más o menos pisado, la nieve es una costra de hielo, así que las pieles agarran lo justo, momento de hacer la puesta de las cuchillas. Me asomo hacia el lado de la Barranca, y hay unas palas de nieve, algo inclinadas, que de primeras no tienen mala pinta. Así que las digo que por ahí parece que se puede ir y me voy ladera arriba. Al poco llegan otro grupo de esquiadores al collado y veo que me siguen más atrás.

Al rato de ir avanzando, la pala se va inclinando, y la nieve no parece que se reblandezca mucho, es más, hay una costra de hielo de narices, así que cada paso tengo que darlo metiendo bien los cantos y asegurando la cuchilla, no está la cosa para pegar un resbalón. Miro para atrás y veo que el grupo de esquiadores ha decidido que mejor van a lo seguro y algunos se ponen las tablas a la espalda y suben hacia la cresta por los montículos de hielo. Viendo que la pala se empina y que el camino no va a ser fácil, hago mentalmente un esquema de la trazada sobre la pala para subir a coger la cresta antes de que la cosa se líe más. Para hacer la vuelta maría estoy un rato preparando una plataforma un poco en precario, no es cuestión de quedarme con los esquís cruzados y salir rodando para abajo. Es uno de esos momentos en los que la experiencia montañera te recuerda que no te pongas nervioso y que respires tranquilo. Haciendo un “fiu fiu” y decidido a salir de allí pongo paso tranquilo pero sin parar hasta que finalmente salgo del marroncillo. En el track del Garmin (al final del post) se ve la zona de ladera y el giro, que con la vista de satélite no da idea del “posible resbalón”.

Un poco más adelante ya empalmo con la pista de subida a Bola y tranquilamente voy subiendo, ya con varios grupos de paseantes/esquiadores/surferos que llevan el mismo camino.

Al llegar a Bola parece que la tregua meteorológica se ha acabado. Hay una niebla bastante cerrada y todas las instalaciones están cubiertas por una costra de hielo-nieve blanco que le dan un aspecto fantasmal. La gente que va subiendo/bajando aparece de repente en la niebla, te cruzas con ellos, comentas algo, y desaparecen como engullidos en la nada.

Rodeo hacia el sur, buscando la esquina más abrigada, por el lado que sale el sendero hacia Maliciosa, donde se han reunido todos los que han venido aquí, así que de golpe nos encontramos allí varios grupos comiendo/bebiendo algo y recalculando los planes. Mi idea original era hacer una bajada hacia el Ventisquero de la Condesa y luego subir a Maliciosa o a Cabezas de Hierro, pero con la visibilidad y el estado de la nieve, (y yendo sólo), tampoco era el día de las machadas. Así que cambio el plan por el cruce hacia Valdesquí, hacer una bajada por las pistas, a ver si puedo pasar por el bar, tomarme algo y calentarme.

El camino hacia Valdesquí no tiene demasiado problema, aunque cuando no se ve a más de 20 metros la cosa se complica un poco. Tomando las referencias de los postes que hay y preguntando a la gente que va apareciendo cada cierto tiempo, no tardo en ver la torre superior del telesilla de Bola. Con la referencia clara, quito las pieles y me preparo para la primera bajada de la temporada. Pongo en marcha la cámara y para abajo. Los primeros metros con un poco de respeto (esquiar sin ver una mierda es lo que tiene), pero más abajo la niebla se va disipando y tengo toda la pista para mí sólo, así que voy enlazando giros hasta que cae la primera toña de la temporada, sin más consecuencias que el rollo de montar la fijación que ha saltado. A partir de aquí se acaba el espacio en la tarjeta de memoria, por lo que video “off”.

Bajo hasta el final de la estación, y no me acordaba que para entrar al bar hay que pasar el control de forfait, así que como voy de “pirata”, no me apetece salir para luego tener que dar la vuelta por detrás. En resumen, que vuelvo a poner las pieles y remontada hasta la cafetería intermedia. En este momento ya voy bastante empapado, así que las ganas de encontrar un sitio calentito en el que secarme van en aumento. Otra vez mi gozo en un pozo, dado el escaso aforo, la cafetería está cerrada, así que saco los bocatas y me los como en la zona de entrada, momento que aprovecho para sacar el teléfono y revisar cómo va el mundo, y publicar algunas fotos y mensajes para dar un poco de envidia… je je je

Bocata en Valdesquí

Bocata en Valdesquí

La siguiente remontada la hago sólo por la pista, como han pasado la máquina la nieve está genial para foquear, y llego sin más problema al final del telesilla de Bola, donde pongo de nuevo las cuchillas para hacer la travesía de vuelta hasta el repetidor. La trazada la hago mucho más directa que a la venida (aunque no se ve NADA), y vuelvo a parar el la zona tranquila tras el repetidor, donde recojo de nuevo las pieles y las cuchillas para preparar la bajada hasta Navacerrada.

El tramo hasta la parte superior del telesilla lo hago en modo “sálvese quien pueda”, entre el viento, la niebla y el estado totalmente “asqueroso” de la nieve, bastante tengo con llegar sin caerme hasta la parte de arriba de la pista, donde nada más iniciarla veo a los operarios subidos en la torreta dando martillazos. Amablemente uno de ellos me indica que tenga cuidado con la caída de témpanos de hielo del cable del telesilla, por lo que empiezo la bajada con un ojo puesto en la nieve y otra en el cable con los trozos de hielo colgando.  Aunque la pista está medio pisada, hay gran cantidad de mendrugos “tamaño cacerola” de nieve por lo que los giros hay que darlos donde se puede, más que donde se quiere. Finalmente, sin percances, llego al final de la pista, donde había empezado por la mañana, más cansado, empapado, pero muy contento por lo realizado.

En el puerto el tiempo está en plan “asquerosillo”, llovizna meona, niebla y algo de viento, así que corro a refugiarme en la Venta Arias, a ver si me quito algo de humedad del cuerpo. Un café con leche y un montado de lomo después, la sensación corporal mejora, así que toca recoger e ir a buscar al cole a los niños. Mejor no describo la pinta del coche con la que salgo del aparcamiento, con toda la ropa colgada por dentro y la calefacción a tope a ver si se seca algo… pero eso es otra historia.

PD: al día siguiente las agujetas por todo el cuerpo son de aúpa, lo del “entrenamiento cruzado” es lo que tiene, además de una ampolla en el pié derecho que se quedó en la media cuando me la quité (en el lateral del talón, menos mal que no está en la planta)…

El track del Garmin, como siempre, lo pongo aquí…

Nota mental: el próximo día llévate el GPS de mano, por si las moscas. Aprovechando, tengo que hacer el post sobre cómo preparar cartografía para Garmin a partir de ficheros de CAD (dwg, dxf, dgn… etc)

4 Comments
  1. Raúl (KbraloK) 2 años ago
    • jseguir 2 años ago
  2. Oscar (@icosas) 2 años ago
    • jseguir 2 años ago

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